La agricultura actual se enfrenta a un escenario complejo donde la ciencia y la tecnología deben evolucionar al ritmo de un clima cada vez más impredecible. La optimización del rendimiento y la rentabilidad del agricultor ya no dependen únicamente de la genética o la nutrición convencional, sino de la capacidad de los cultivos para resistir condiciones ambientales adversas.

En este contexto, el I+D+i de las empresas fabricantes de bioestimulantes se sitúa en la primera línea de respuesta para garantizar la viabilidad de la producción agroalimentaria en el siglo XXI.

El impacto del cambio climático en los patrones de estrés abiótico en los cultivos españoles.

La alteración significativa de los patrones climáticos en España ha derivado en una realidad donde la previsibilidad ha desaparecido. Nos enfrentamos a alternancias bruscas entre temperaturas extremas, periodos de sequía prolongada y episodios de lluvias torrenciales.

Este fenómeno no es exclusivo de la Península Ibérica; se replica a nivel global, afectando áreas de producción vitales para la economía mundial y la seguridad alimentaria tanto para consumo directo como para la exportación a terceros países.

Las empresas formuladoras en la búsqueda de soluciones frente a retos de una agricultura extrema.

Como eslabón inicial de la cadena agroalimentaria, las empresas dedicadas a la formulación de bioestimulantes, biofertilizantes y biocontrol, asumen una responsabilidad adicional. El objetivo es aportar herramientas que permitan al agricultor mitigar el impacto de estas alteraciones y asegurar cosechas de máximo rendimiento y calidad.

En este ámbito, empresas como Nutritec, destacan por su enfoque tecnológico proactivo, desarrollando soluciones específicas para las consecuencias más dañinas de la agricultura extrema: los golpes de calor, el frío y el estrés hídrico.

Cultivo de cítricos en zonas áridas en España

Tecnologías o productos desarrollados para mitigar el estrés abiótico en las plantas.

El desafío de mitigar el estrés abiótico ha impulsado el desarrollo de productos altamente innovadores, destacando especialmente los bioestimulantes de plantas de origen no microbiano.

Estos productos basan su eficacia en sustancias orgánicas de procedencia animal o vegetal, así como en compuestos de síntesis que actúan a nivel molecular o celular.

A diferencia de los fertilizantes convencionales, cuya función es el aporte directo de nutrientes, los bioestimulantes estimulan los procesos fisiológicos naturales de la planta. Bajo el marco del Reglamento (UE) 2019/1009, se definen como sustancias o mezclas que mejoran la eficiencia en el uso de nutrientes, la tolerancia al estrés abiótico y las características de calidad de los cultivos.

Estas herramientas son esenciales para fortalecer la resistencia de los vegetales y ofrecen una alternativa sostenible y eficaz para la agricultura profesional.

Bioestimulantes para mitigar los golpes de frío.

La protección frente a las bajas temperaturas requiere estrategias de formulación complejas. En el mercado actual, los desarrollos más avanzados combinan múltiples materias primas que trabajan en sinergia para ofrecer protección incluso ante temperaturas extremas, que en casos específicos pueden superar los -9 ºC.

Un aspecto relevante de estas tecnologías es que no solo actúan como protectores preventivos, sino que aportan un efecto bioestimulante de recuperación post-helada, fundamental para minimizar las pérdidas tras un episodio crítico.

Cultivo de apio en zonas áridas en Murcia

Bioestimulantes para mitigar los efectos de la sequía en el cultivo.

La escasez de agua es, probablemente, el factor clave que pone en riesgo la viabilidad de la agricultura. En este sentido, los programas de gestión del agua, apoyados por equipos de precisión como sensores de humedad y tensiómetros, deben complementarse con la aplicación de bioestimulantes orientados al suelo.

Entre las materias activas, el uso de leonardita, rica en ácidos húmicos y fúlvicos, contribuye decisivamente a mejorar las características físicas y químicas del suelo. Además, influye positivamente en el desarrollo de la microbiota.

La implementación de estas estrategias integrales permite alcanzar ahorros de entre el 25 % y el 50 % en el consumo hídrico de cultivos hortícolas y frutales sin mermar la productividad. Además, un control eficiente de la aportación de agua reduce significativamente el riesgo de desarrollo de patógenos del suelo.

Bioestimulantes para mitigar los golpes de calor.

Las olas de calor son cada vez más frecuentes y prolongadas en las zonas productoras de frutas y hortalizas a nivel mundial. Para combatir este estrés, se utilizan materias activas como la Glicina betaína (trimetilglicina), un compuesto orgánico natural que actúa como un potente osmoprotector.

Este soluto compatible equilibra la presión osmótica interna de las células, evitando la deshidratación y manteniendo la turgencia y el crecimiento bajo condiciones de altas temperaturas.

Además, la Glicina betaína protege proteínas y enzimas clave, como la Rubisco, y aumenta la resistencia frente a otros estreses paralelos como la salinidad o las heladas.

Prácticas en los cultivos para ser más resilientes frente a los efectos del cambio climático.

La lucha contra la agricultura extrema exige una visión holística que combine buenas prácticas agrícolas con el conocimiento científico más avanzado. Un concepto fundamental en este escenario es el de estrés multifactorial.

Según las investigaciones de la Dra. Sara Izquierdo Zandalinas, de la Universitat Jaume I, el mayor reto no es un estrés aislado, sino la suma simultánea de varios factores.

La combinación de alta intensidad lumínica, altas temperaturas y sequía, desencadena una respuesta molecular específica en la planta que puede colapsar sus mecanismos naturales de defensa.

Cultivo de cítricos en zonas áridas en Murcia

En esta misma línea, la transferencia de esta ciencia al campo es vital. El Dr. Riadh Ghorbel Rebai, asesor internacional y colaborador de I+D+i de Nutritec, subraya la importancia de la prevención en cultivos de alto valor como, por ejemplo, los cítricos.

En un contexto de alto riesgo por escasez hídrica en la cuenca mediterránea, entre la que se encuentra España, el Dr. Ghorbel Rebai destaca que la bioestimulación y el manejo del riego deben ir de la mano. Es muy importante concentrar las aplicaciones de bioestimulantes en fases críticas como son la floración, el cuajado y la división celular, donde la demanda energética es mayor.

Anticiparse a las olas de calor en estos momentos marca la diferencia entre una cosecha comercializable de calibre óptimo o una merma significativa por aborto de frutos o calidad.

La resiliencia agrícola, ya en estos tiempos, depende de una ecuación que integre la mejora genética, las técnicas de producción avanzadas y el asesoramiento técnico especializado.

En este contexto, el equipo de Nutritec pone especial énfasis en este asesoramiento. Se entiende que el desarrollo de herramientas como los bioestimulantes, orientados a mejorar los cultivos en condiciones extremas, es solo una parte de la solución. El éxito real reside en su aplicación estratégica y profesional para optimizar la inversión del agricultor y asegurar la sostenibilidad de toda la cadena de valor.