El tránsito del reposo vegetativo a la reactivación metabólica representa uno de los momentos más críticos en la fenología de los cítricos. En este escenario de transición, la gestión del estrés abiótico y la planificación nutricional no son meras tareas de mantenimiento, sino los factores que determinan el éxito o el fracaso de la cosecha futura.
Para profundizar en las estrategias de manejo en este periodo, analizamos las claves del despertar del árbol en el actual contexto climático de la mano del Dr. Riadh Ghorbel Rebai, experto y asesor internacional en citricultura y colaborador de I+D+i en Nutritec.

El asesor técnico del ecosistema productivo.
Lejos de ser un mero prescriptor de insumos, la figura del asesor técnico agrícola es el protagonista estratégico de la explotación actual. La salida del invierno no se gestiona hoy con recetas preestablecidas, sino que exige una visión holística capaz de sincronizar el estado nutricional, la respuesta a la bioestimulación, la brotación tras la poda y la compleja dinámica biológica del suelo.
Es el técnico quien, a pie de campo, interpreta las señales fisiológicas del cítrico para decidir el momento y modo exacto de la intervención. Bajo esta premisa, esta labor de diagnóstico es el puente necesario para transformar el potencial genético de la variedad en rendimiento real. Y también, es en este ecosistema, donde Nutritec actúa como el aliado tecnológico de estos profesionales, aportando herramientas de bioestimulación diseñadas para contextos de agricultura extrema.
La fertilización como base del cultivo.
Para el Dr. Ghorbel, la gestión eficiente parte de una premisa estructural: la agronutrición es la base innegociable. Un árbol debe presentar un estado fitosanitario óptimo y tener cubiertas sus necesidades tanto de macronutrientes como de oligoelementos antes de aspirar a máximos productivos.
Solo con esta base consolidada es viable implementar herramientas de bioestimulación que actúen como catalizadores de la rentabilidad. También hay que tener en cuenta que estos insumos no son sustitutivos, sino complementos de alto valor que mejoran la respuesta fisiológica de la planta ante las exigentes etapas de brotación y floración que se avecinan.
El error de posponer el inicio del abonado hasta finalizar la cosecha.
Un desafío persistente en el sector es la práctica tradicional de posponer el abonado hasta finalizar la cosecha, por temor a comprometer la calidad del fruto pendiente. El Dr. Ghorbel advierte que este es un error estratégico basado en una interpretación incompleta de la fisiología citrícola.
Metabólicamente, el árbol «olvida» la etapa de maduración de la fruta presente para concentrarse en los siguientes estados fenológicos. Esta desconexión es especialmente sensible en el grupo de las naranjas dulces (navel, blancas, sanguinas o sucreñas), donde la recolección se encuentra muy próxima a la siguiente fase de brotación y floración, a diferencia de lo que ocurre en ciertas variedades de mandarinos, donde los periodos están más distanciados.
Es en este momento cuando, el ejemplar orienta toda su energía disponible hacia las estructuras vegetativas de los próximos ciclos y si no se interviene nutricionalmente de forma correcta, el árbol entra en una competencia interna de recursos. Y lo hace detrayendo energía de los frutos actuales para satisfacer las urgencias de la brotación inminente, lo que termina degradando la calidad de la cosecha que aún está en el árbol.

La gestión del sistema radicular frente a la adversidad climática.
En este proceso de preparación del cítrico para la salida del invierno, cada año tiene sus particularidades y en consecuencia, su ajuste. Recientemente, en el arco mediterráneo se ha dejado atrás un invierno 2025-2026 marcado por una pluviometría extrema y vientos huracanados que han rozado los 150 km/h en algunas zonas. Ante tales fenómenos, donde la capacidad de actuación sobre la parte aérea es muy limitada, el conocimiento del asesor técnico debe volcarse en la rizosfera.
Aunque no podemos controlar el clima, sí tenemos capacidad de acción sobre el sistema radicular. A través del riego y el aporte de bioestimulantes inductores, es posible estimular el crecimiento de raíces sanas y aumentar la superficie de intercambio en la zona pilífera. Como consecuencia directa, un sistema radicular vigoroso no solo mejora la absorción, sino que compensa la posible anoxia tras las lluvias intensas y aumenta la resiliencia del árbol. Destacar que, en este equilibrio, la poda también juega un papel vinculado a la nutrición, al equilibrar la masa foliar con la radicular.
La autorregulación energética de cara a la floración y el cuajado.
La transición hacia la antesis y el posterior cuajado de los frutos en los cítricos es un proceso donde convergen factores endógenos y ambientales.
Si bien el fotoperiodo y la oscilación térmica son dos importantes factores inductores, la viabilidad de la flor depende de la disponibilidad de carbohidratos y del equilibrio hormonal del cítrico. Pero también contribuye la disponibilidad de otras fuentes de carácter bioestimulantes como el ácido Aspártico, Alamina, Arginina, Glicina, Leucina, Serina, etc.
Estas soluciones bioestimulantes actúan en dos frentes estratégicos. Por una parte, en la regulación fenológica para optimizar el metabolismo del nitrógeno y la síntesis de proteínas en momentos de máxima demanda energética, como la pre-floración. Y por otra, en su resiliencia ante el estrés abiótico, proporcionando al cítrico metabolitos listos para su uso, permitiéndole superar oscilaciones térmicas extremas o sequías temporales que, de otro modo, provocarían la caída prematura del fruto recién cuajado.
En definitiva, la figura y labor del asesor técnico en el ecosistema productivo de los cítricos es fundamental, ya que sus decisiones en momento y modo pueden conseguir un incremento notable de la cosecha y una homogeneidad de calibres que posiciona al citricultor en una situación de clara ventaja competitiva en los mercados.



