Dentro de las estrategias biosostenibles, está la del control biológico por conservación a las plantas biocidas en cultivos hortofrutícolas.

La reducción del 50 % en el uso de químicos para 2030, marcada por la estrategia De la Granja a la Mesa, obliga al sector a buscar alternativas que mantengan la sanidad vegetal sin comprometer la rentabilidad.

En este escenario, los los bioestimulantes agrícolas de defensa y las estrategias de el biocontrol avanzado cobran un protagonismo absoluto. Analizamos junto a Carlos Baixauli Soria, director del Centro de Experiencias Cajamar en Paiporta (Valencia – España) y una de las voces más autorizadas en la innovación hortofrutícola en España, las técnicas más innovadoras que se están testando en el Centro de Experiencias Cajamar para el manejo de plagas y enfermedades de suelo.

Ensayos de biodiversidad para control biológico

La biofumigación y las plantas biocidas.

Uno de los mayores retos en la horticultura intensiva, especialmente tras la desaparición de la mayoría de desinfectantes de suelo, es el control de patógenos telúricos y nematodos. Frente a esto, la investigación se dirige hacia el uso de herramientas alelopáticas.

Baixauli detalla estudios en los que se incorporan plantas biocidas en la rotación de cultivos. Estas especies, al ser trituradas e incorporadas al suelo o mediante sus exudados, liberan compuestos activos que sanean el medio edáfico.

En colaboración con empresas de semillas como Intersemillas, se está evaluando el efecto específico de estas cubiertas vegetales para reducir la incidencia de enfermedades y nematodos en cultivos sensibles como el tomate, ofreciendo una alternativa biológica y regenerativa a la desinfección química tradicional.

La ingeniería de la biodiversidad mediante reservorios y control por conservación.

Más allá del suelo, la gestión de plagas aéreas en un modelo regenerativo requiere una planificación minuciosa de la biodiversidad. No se trata solo de «plantar flores», sino de diseñar infraestructuras ecológicas funcionales.

Se están validando protocolos de uso de plantas «banker» o reservorio. Una técnica destacada es el uso de gramíneas inoculadas con el pulgón específico de los cereales (Rhopalosiphum padi).

Este sistema permite realizar sueltas preventivas de parásitos y depredadores generalistas que se alimentan y multiplican sobre el pulgón del cereal (que no ataca al cultivo hortícola), asegurando una población elevada de fauna auxiliar lista para actuar en cuanto aparezca la plaga objetivo en el cultivo comercial.

A esto se suma el diseño y plantación de setos perimetrales con especies seleccionadas que garanticen floración continua, proporcionando polen y néctar esencial para la supervivencia de artrópodos beneficiosos.

Ensayo de cultivo de higueras en contenedor

El sustrato como barrera sanitaria y biofísica.

En la búsqueda de sanidad vegetal, el cambio del medio de cultivo también actúa como una estrategia clave. El paso a sistemas hidropónicos o de cultivo en sustrato no solo mejora la eficiencia hídrica, sino que rompe el ciclo de muchas enfermedades del suelo.

Además, en nuestras instalaciones de Centro de Experiencias Cajamar en Paiporta, se están probando innovaciones como el sistema Bihox, un dispositivo de oxigenación de la rizosfera diseñado para garantizar la salud radicular en condiciones de altas temperaturas.

Mantener una alta concentración de oxígeno en la zona radicular actúa, de facto, como un bioestimulante físico, mejorando la respiración celular y la resistencia de la planta ante ataques patógenos, lo que reduce la necesidad de intervenciones curativas externas.

La integración de estas técnicas biológicas, genéticas y de manejo, confirma que la agricultura regenerativa, apoyada en la ciencia, es el camino más viable para cumplir con las exigencias normativas y de mercado.