El biocontrol se muestra como eje estratégico de la agricultura sostenible y además, como la oportunidad profesional en el sector agro.

Partiendo de que la agricultura atraviesa una etapa de redefinición estructural, señalada por la presión normativa de la Unión Europea, marcada por el Pacto Verde y la estrategia De la Granja a la Mesa, y la suma de una demanda social ineludible por alimentos sin residuos y la realidad climática, ha situado a las tecnologías de bioprotección en el centro del tablero productivo. En este escenario, el biocontrol deja de ser una alternativa de nicho para consolidarse como una herramienta fundamental en la fitotecnia actual.

No obstante, esta transición tecnológica revela una carencia a tener en cuenta en el mercado laboral: la falta de profesionales altamente cualificados en el manejo técnico y regulatorio de estas nuevas herramientas.

Los cuatro pilares tecnológicos del biocontrol.

Para comprender el alcance de estas soluciones, es necesario desgranar el trabajo que realizan entidades como IBMA España (Asociación Internacional de Fabricantes de Biocontrol). Silvia Aucejo Romero, representante de la asociación en España, detalla que el sector se vertebra sobre cuatro áreas tecnológicas bien diferenciadas, cada una con modos de acción específicos que el técnico de campo debe dominar: Macroorganismos, microorganismos, sustancias naturales y semioquímicos.

Macroorganismos.

Los macroorganismos engloban a los insectos útiles, ácaros y nematodos entomopatógenos.

Su producción en biofábricas y su logística de liberación son procesos de alta complejidad biológica. En cuanto a su acción es directa, ya sea por depredación o parasitismo de la plaga objetivo.

Microorganismos.

En el área de los microorganismos, se encuentran las bacterias, hongos y virus que ejercen control sobre patógenos o plagas. Un referente clásico es el Bacillus thuringiensis, pero la innovación actual se centra en cepas con múltiples modos de acción (competencia, antibiosis, parasitismo).

Es importante destacar que el Reglamento (UE) 2019/1009 ya ha abierto la puerta a la regulación armonizada de ciertos microorganismos en el ámbito de los bioestimulantes, lo que demuestra la convergencia regulatoria en el uso de insumos biológicos.

Sustancias naturales.

Las sustancias naturales componen un grupo heterogéneo que abarca desde extractos botánicos y microbiológicos hasta minerales y péptidos, cuyo bajo impacto ambiental es clave para las estrategias de residuo cero.

Semioquímicos.

Y en el ámbito de los semioquímicos, se encuentran moléculas de señalización, como las feromonas. Su aplicación en técnicas de confusión sexual permite el control poblacional de insectos sin necesidad de actividad biocida directa, interfiriendo en sus ciclos reproductivos.

El desafío regulatorio del biocontrol y la integración en el manejo de cultivos.

A pesar de la eficacia demostrada de estas tecnologías, el sector se enfrenta a un «cuello de botella» administrativo.

Los procesos de registro para poner estas soluciones a disposición del agricultor son, en palabras de Aucejo, excesivamente largos en comparación con la velocidad a la que se retiran del mercado las materias activas de síntesis química.

Desde una perspectiva técnica, es fundamental entender que el biocontrol no debe plantearse como una simple sustitución de un insumo químico por uno biológico (el concepto de «tirita»). Se trata de un cambio de paradigma hacia el Control Integrado de Plagas (GIP), donde se combinan herramientas biológicas, culturales, físicas y, cuando es estrictamente necesario, químicas.

En este marco, proyectos como BIOSOLUDOE, financiado con fondos FEDER y la que IBMA participa actívamente, trabajan precisamente en esta línea: validar biosoluciones en patosistemas reales (combinaciones específicas de plaga-cultivo) para generar hojas de ruta agronómicas fiables.

La formación especializada como imperativo para el ingeniero agrónomo.

La sofisticación de estas herramientas exige un nivel de conocimiento técnico superior. Según afirma Aucejo, las empresas fabricantes de insumos, ya sean de fertilizantes, bioestimulantes o fitosanitarios, reportan dificultades para encontrar perfiles que combinen la base agronómica con el expertise en biotecnología y marco regulatorio.

En respuesta a esta demanda de talento, el COIAL (Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante) lanza la 5ª Edición Nacional y 1ª Internacional del Programa Experto Profesional en Bioestimulantes y Biocontrol. Este programa no es solo un curso de actualización; se ha diseñado como una herramienta de capacitación estratégica para ingenieros, técnicos de campo y responsables de cooperativas, así como demás profesionales del Agro, que necesitan liderar la implementación de estas tecnologías.

Descarga la información sobre el Curso Experto Profesional en Bioestimulantes y Biocontrol en PDF.

La vinculación de entidades como IBMA España con este programa formativo subraya su relevancia. Para los profesionales del sector, cursar esta especialización supone una ventaja competitiva diferencial, habilitándoles para gestionar explotaciones con criterios de sostenibilidad y rentabilidad, o para integrarse en los departamentos técnicos y de I+D+i de las empresas líderes en biotecnología agrícola.

Información sobre la 5ª edición del curso «Programa experto profesional en bioestimulantes y biocontrol»:

  • Fecha de inicio prevista (para primer bloque y curso completo): 27 de enero de 2026
  • Fecha de finalización estimada: 5 de marzo de 2027
  • Incluye bolsa de trabajo.
  • Posibilidad de seguirse 100% online.
  • Posibilidad de matriculación por bloques.

Hacia una gestión técnica de precisión del biocontrol.

La agricultura no admite ya soluciones simplistas. La eficacia del biocontrol, al igual que la de los bioestimulantes, depende de una aplicación técnica precisa, basada en el conocimiento profundo de la fisiología vegetal y las interacciones biológicas.

En este marco, la sinergia entre la industria, que desarrolla las soluciones, y los profesionales formados, que saben cómo y cuándo aplicarlas, es el único camino viable para garantizar la productividad de nuestros cultivos en un entorno cada vez más exigente y restrictivo.