En la agricultura intensiva y la producción profesional de frutas y hortalizas, el modelo de la nutrición vegetal ha evolucionado radicalmente. Hoy sabemos que la planta no opera de forma aislada, sino como un holobionte: una unidad biológica donde el cultivo y su microbioma asociado (el fitobioma) trabajan en estrecha coordinación metabólica.

En cultivos de alto valor añadido, donde la precocidad, el calibre, los grados Brix, la fortaleza para la fase de poscosecha y la uniformidad comercial determinan la rentabilidad del productor, el manejo de la rizosfera, la filosfera y la endosfera se ha convertido en una herramienta agronómica decisiva.

En este contexto, los suelos sometidos a ciclos intensivos de cultivo en horticultura y fruticultura suelen sufrir fatiga biológica, salinización por fertirrigación continua y bloqueo de nutrientes esenciales. Es aquí donde los bioestimulantes microbianos y biotecnológicos marcan la diferencia frente a la fertilización convencional.

Carol V. Amaya Gómez

Para tener una visión sobre esta complejidad en la que los microorganismos interactúan con las plantas, entrevistamos a Carol V. Amaya Gómez, doctora en microbiología y que actualmente trabaja como consultora científica de Nutritec en bioprospección, biotecnología y agrobiotecnología, transformando desde el entendimiento de la interacción planta-microorganismo-ambiente la biodiversidad microbiana en productos eficaces, tanto en el laboratorio como en el campo y en el mercado.

Carol, como consultora especializada en microbiología y biotecnología agrícola, ¿cómo es el proceso de conceptualización y diseño de una nueva línea de bioestimulantes?

Para contextualizar la respuesta, te respondo desde el caso en el que estoy trabajando. En Nutritec partimos de las necesidades reales del agricultor y de los desafíos que enfrenta para mantener la productividad de sus cultivos, especialmente ante condiciones ambientales adversas como las altas temperaturas, la sequía, la salinidad o la disponibilidad limitada de nutrientes.

A partir de estas necesidades, desarrollamos soluciones basadas en microorganismos beneficiosos que puedan ayudar a las plantas a afrontar mejor estas condiciones. Para ello, seleccionamos y estudiamos microorganismos con características específicas que les permitan adaptarse a estos ambientes y contribuir al desarrollo de los cultivos.

Nuestro proceso de selección va más allá de las pruebas de laboratorio. También evaluamos cómo se comportan estos microorganismos en campo estudiando su interacción con plantas bajo las condiciones de estrés para las que buscamos desarrollar soluciones, con el fin de identificar aquellos que muestran un efecto beneficioso sobre el cultivo.

De esta manera, buscamos desarrollar soluciones biológicas adaptadas a los desafíos reales del campo, que ayuden al agricultor a afrontar condiciones ambientales cada vez más exigentes y a mantener la productividad de sus cultivos.

Microorganismos a nivel radicular en las plantas

¿Qué criterios científicos y agronómicos priorizáis a la hora de seleccionar microorganismos o metabolitos para que respondan a las exigencias reales del agricultor profesional?

Los criterios de selección dependen de las necesidades concretas del agricultor y del problema que buscamos resolver en el cultivo. No buscamos las mismas características en un microorganismo destinado a mejorar la respuesta de las plantas frente a la sequía que en uno orientado a condiciones de salinidad o altas temperaturas.

Desde el punto de vista científico

Desde el punto de vista científico, partimos de una revisión de la literatura especializada para identificar los mecanismos que podrían ayudar a las plantas a afrontar estas condiciones. Entre los microorganismos estudiados en agricultura encontramos especies de géneros como Bacillus, Pseudomonas, Azotobacter y Rhizobium, que pueden contribuir, dependiendo de la especie y la cepa, a procesos como la nutrición vegetal, la estimulación del crecimiento o la respuesta frente a determinados tipos de estrés.

En Nutritec, además de estudiar microorganismos con una trayectoria reconocida en agrobiotecnología, buscamos ampliar las posibilidades mediante la exploración de microorganismos menos estudiados. Tradicionalmente, se ha estimado que menos del 1 % de los microorganismos presentes en determinados ambientes, como el suelo, pueden cultivarse mediante técnicas microbiológicas convencionales. Aunque esta cifra depende del ambiente y del método utilizado, ilustra la enorme diversidad microbiana que todavía queda por explorar.

Para ampliar las posibilidades de descubrimiento, empleamos técnicas de culturómica y otros métodos de aislamiento que nos permiten estudiar una mayor diversidad de microorganismos y evaluar su potencial para desarrollar nuevas soluciones agrícolas. Nuestro interés es identificar cepas con características de valor que puedan complementar las herramientas biológicas disponibles actualmente.

Una vez seleccionados los candidatos, estudiamos su identidad taxonómica y su perfil de seguridad, así como su capacidad para mantener la viabilidad y las funciones de interés durante los procesos de formulación, almacenamiento y producción a escala industrial.

Desde el punto de vista agronómico

Desde el punto de vista agronómico, evaluamos su comportamiento en las condiciones de estrés que queremos abordar, su capacidad para establecerse en la rizosfera y sus efectos sobre el desarrollo y la respuesta de las plantas. También estudiamos su compatibilidad con los agroquímicos utilizados habitualmente en cada cultivo, con el objetivo de desarrollar soluciones que puedan integrarse en las prácticas agrícolas del productor.

En definitiva, buscamos microorganismos que combinen potencial biológico, seguridad, viabilidad tecnológica y eficacia agronómica. Nuestro objetivo es transformar el conocimiento de la diversidad microbiana en soluciones innovadoras, respaldadas por evidencia científica y orientadas a responder a las necesidades reales del agricultor profesional.

¿Cómo trabajáis en el diseño de las formulaciones de Nutritec para asegurar que los microorganismos se adapten, colonicen eficazmente la rizosfera y convivan con la microbiota nativa del suelo?

En los sistemas de producción hortofrutícola intensiva, es fundamental que los microorganismos utilizados en nuestros bioestimulantes mantengan su viabilidad y funcionalidad desde la aplicación y persistan en el suelo de los cultivos durante un largo tiempo o se establezcan como parte de la microbiota nativa.

Por ello, abordamos el diseño de las formulaciones desde las distintas etapas del desarrollo del producto. Durante la selección de los microorganismos, tenemos en cuenta su identidad taxonómica, el potencial en promoción del crecimiento vegetal y su capacidad para establecer la interacción con las plantas y competir con las comunidades que habitan la rizosfera de las plantas de nuestros cultivos de interés, así como su capacidad para adaptarse a las condiciones en las que se utilizará el producto y desarrollar las funciones de interés.

Posteriormente, durante la producción a gran escala, seleccionamos medios y condiciones de cultivo que permitan obtener microorganismos que preserven su integridad celular. En la etapa de formulación, evaluamos el uso de agentes protectores que contribuyan a mantener su viabilidad durante el almacenamiento y a prolongar la vida útil del producto. Asimismo, verificamos que los microorganismos conserven las funciones que buscamos durante los procesos de producción y formulación.

Finalmente, evaluamos el comportamiento de los microorganismos en condiciones relevantes para su aplicación agrícola, prestando especial atención a su interacción con las raíces, su capacidad para establecerse en la rizosfera y su contribución al desarrollo de la planta. También es importante considerar su interacción con la microbiota nativa del suelo, ya que el objetivo es desarrollar soluciones que puedan funcionar en un entorno biológico complejo y variable.

¿De qué manera actúan las bacterias promotoras del crecimiento (PGPR) y las micorrizas en la movilización de elementos clave y en la renovación constante de pelos absorbentes?

Los microorganismos beneficiosos pueden contribuir a mejorar la nutrición y el desarrollo de las plantas mediante diferentes mecanismos que actúan de forma complementaria. Esto es especialmente relevante en la producción hortofrutícola, donde el objetivo no es solo obtener un buen rendimiento, sino también alcanzar parámetros de calidad comercial como el calibre, los grados Brix, la firmeza y la vida poscosecha hortofrutícola.

Algunas bacterias promotoras del crecimiento vegetal (bacterias PGPR) producen fitohormonas que favorecen el desarrollo de las raíces y pueden estimular la formación de nuevas raíces y pelos absorbentes, aumentando así la superficie disponible para la captación de agua y nutrientes. Otras producen ácidos orgánicos y otros compuestos que contribuyen a solubilizar nutrientes, como el fósforo, facilitando su disponibilidad para la planta.

En el caso del hierro, determinadas bacterias producen sideróforos, moléculas que se unen a este elemento y pueden favorecer su adquisición en determinadas condiciones. El mecanismo específico dependerá de cada microorganismo. Por ejemplo, en el caso de Pseudomonas putida o Pseudomonas fluorescens los mecanismos que emplean para la solubilización del fósforo es la secreción de ácido glucónico y ácido 2-cetoglucónico, los cuales reducen el pH en la rizosfera y actúan como quelantes, rompiendo la unión del fósforo con el calcio o el hierro y dejándolo libre para la planta.

Por otra parte, para ayudar a la planta a soportar la sequía secretan ACC desaminasa una enzima que lleva a la reducción de los niveles excesivos de etileno y liberan exopolisacáridos que retienen la humedad alrededor de la raíz. Por su parte, las micorrizas establecen una asociación con las raíces y desarrollan una red de hifas que explora el suelo más allá de la zona alcanzada directamente por las raíces, facilitando especialmente la captación de fósforo y, según el sistema, de otros nutrientes y agua.

En Nutritec buscamos microorganismos con distintas funciones complementarias, capaces de actuar sobre diferentes aspectos de la nutrición y el desarrollo radicular. El objetivo es mejorar el aprovechamiento de los recursos disponibles en el suelo y favorecer el desarrollo del cultivo, teniendo en cuenta que la respuesta final en rendimiento y calidad depende también del cultivo, las condiciones ambientales y el manejo agronómico.

¿Cómo influye una rizosfera microbiológicamente diversa en el equilibrio hormonal de la planta y en la translocación de elementos estructurales como el calcio y el potasio, por ejemplo, hacia el fruto?

Una comunidad microbiológica diversa en la rizosfera puede contribuir al desarrollo y al equilibrio fisiológico de la planta, especialmente cuando sus integrantes desempeñan funciones complementarias. Sin embargo, lo importante no es únicamente la diversidad, sino también la composición de la comunidad, las funciones que realiza y su adaptación a las condiciones del suelo y del cultivo.

La fijación biológica de nitrógeno

Desde el punto de vista microbiológico, existen distintos mecanismos por los que los microorganismos beneficiosos pueden influir en la nutrición y la fisiología vegetal. Uno de ellos es la fijación biológica de nitrógeno, realizada por determinados microorganismos capaces de transformar el nitrógeno atmosférico en formas que pueden incorporarse al metabolismo nitrogenado.

Entre los ejemplos más conocidos se encuentran las bacterias simbióticas del género Rhizobium, asociadas a las leguminosas, y otros grupos como Azotobacter y determinadas bacterias asociativas. La contribución real de este proceso depende del microorganismo, de su relación con la planta y de las condiciones ambientales y nutricionales.

La producción de sideróforos

Otro mecanismo importante es la producción de sideróforos, moléculas que presentan una elevada afinidad por el hierro y permiten a ciertos microorganismos captarlo cuando su disponibilidad es limitada.

Algunos sideróforos pueden contribuir indirectamente a reducir la disponibilidad de hierro para determinados patógenos, aunque este efecto depende del sistema y no implica necesariamente que la planta pueda aprovechar directamente ese hierro. Además, determinados microorganismos pueden modificar la disponibilidad de micronutrientes mediante la liberación de ácidos orgánicos, la alteración localizada del pH y otros procesos químicos en la rizosfera.

Microorganismos capaces de producir o modular fitohormonas

También encontramos microorganismos capaces de producir o modular fitohormonas. Algunas cepas de Bacillus y Pseudomonas, por ejemplo, pueden producir ácido indolacético, una auxina que influye en la formación y ramificación de las raíces.

Otros microorganismos pueden modificar la señalización hormonal de la planta y, en determinadas condiciones, contribuir a regular respuestas relacionadas con el crecimiento, el estrés hídrico o la salinidad. Además, ciertos microorganismos inducen mecanismos de defensa vegetal, conocidos como resistencia sistémica inducida, que pueden preparar a la planta para responder con mayor eficacia frente a determinados patógenos o factores de estrés.

El transporte de nutrientes hacia el fruto

En cuanto al transporte de nutrientes hacia el fruto, es importante distinguir entre su disponibilidad en el suelo, su absorción por las raíces y su distribución dentro de la planta.

El potasio participa en la regulación osmótica, la apertura y el cierre de los estomas, la activación enzimática y el transporte de fotoasimilados. Una nutrición potásica adecuada contribuye al funcionamiento hídrico de la planta y a procesos relacionados con la acumulación de azúcares en el fruto.

El calcio, por su parte, desempeña una función estructural esencial en las paredes celulares, donde contribuye a la estabilidad de las pectinas, y participa en la integridad de las membranas y en la señalización celular.

Una concentración adecuada en el fruto puede favorecer su firmeza y reducir determinados problemas fisiológicos. No obstante, el calcio se transporta principalmente por el xilema mediante el flujo de agua, por lo que su llegada al fruto depende de factores como la transpiración, el riego, la competencia con las hojas y las características fisiológicas del cultivo. Por eso, una mayor absorción de calcio por las raíces no garantiza que aumente su concentración en el fruto.

La microbiota puede influir indirectamente en estos procesos al favorecer el desarrollo radicular, la adquisición de nutrientes, el estado hídrico y la tolerancia al estrés.

Microorganismos en las plantas en cultivo

¿Qué mecanismos bioquímicos, como la acción de la enzima ACC desaminasa, la síntesis de exopolisacáridos o los osmoprotectores, buscáis potenciar para que el cultivo no detenga su metabolismo bajo estrés?

En Nutritec buscamos potenciar estos tres mecanismos y otros procesos bioquímicos microbianos que pueden ayudar a las plantas a mantener su actividad fisiológica bajo condiciones de estrés abiótico, como la sequía, la salinidad o las temperaturas extremas. No se trata de un único mecanismo, sino de distintas estrategias que pueden actuar de forma complementaria.

La actividad de la enzima ACC desaminasa, presente en algunas cepas de Pseudomonas, Bacillus y Variovorax, degrada el ACC, un precursor del etileno vegetal. Como el estrés puede provocar una acumulación excesiva de etileno e inhibir el crecimiento, reducir la disponibilidad de ACC puede ayudar a mantener el desarrollo radicular y favorecer la respuesta de la planta frente a condiciones adversas.

Los exopolisacáridos, producidos por Pseudomonas, Bacillus, Azotobacter y Rhizobium, son polímeros se encuentran fuera de la célula y pueden favorecer la adhesión de los microorganismos a las raíces y la formación de biopelículas, ciudades organizadas de microorganismos que facilitan la comunicación y por tanto la interacción con las plantas. Además, contribuyen a retener agua y a modificar las condiciones físicas y químicas del entorno inmediato de la raíz, lo que puede ayudar a proteger tanto a los microorganismos como a la planta durante la desecación o en suelos salinos.

También estudiamos la capacidad de ciertos microorganismos para producir o acumular osmoprotectores, como glicina betaina, prolina y trehalosa. Estas moléculas ayudan a mantener el equilibrio osmótico y a proteger proteínas, membranas y otras estructuras celulares cuando disminuye la disponibilidad de agua o aumenta la concentración de sales.

Se han descrito capacidades relacionadas con estos compuestos en diferentes bacterias, incluidas algunas de los géneros Bacillus, Pseudomonas, Azospirillum y Rhizobium. En función del microorganismo, los osmoprotectores pueden acumularse en la propia célula microbiana o liberarse al entorno, y sus efectos sobre la planta deben comprobarse experimentalmente.

A estos mecanismos se suman otros que consideramos de interés. Por ejemplo, la producción de fitohormonas y la producción de sideróforos cuya función he mencionado en anteriores preguntas. La producción de enzimas antioxidantes, como catalasas y superóxido dismutasas, o que estimulan los sistemas antioxidantes de la planta, contribuyendo a controlar las especies reactivas de oxígeno que se acumulan durante el estrés y pueden dañar las membranas y otras estructuras celulares.

Estas enzimas son producidas por los microorganismos de géneros reconocidos por su actividad de promoción del crecimiento vegetal que ya he mencionado y otros como Enterobacter y Burkholderia y Arthrobacter.

Desde Nutritec, el objetivo es identificar y seleccionar cepas que presenten estos mecanismos de interés. Dado que es no es biológicamente factible que una misma cepa produzca todos estos mecanismos bajo diferentes condiciones ambientales, en empresa nos centramos en el diseño de consorcios microbianos que se complementen entre sí y ofrezcan mayor versatilidad en cuanto a su supervivencia bajo distintas condiciones ambientales.

En vuestra estrategia de desarrollo para Nutritec, ¿dónde reside hoy la clave para lograr un efecto bioestimulante rápido, estable y reproducible en campo?

La clave de nuestra estrategia de desarrollo en Nutritec reside en integrar tres aspectos desde el inicio: la selección de microorganismos con funciones complementarias, el diseño de consorcios compatibles con las prácticas generales empleadas en campo por los agricultores y el desarrollo de formulaciones que mantengan su estabilidad y permitan expresar su potencial bioestimulante en condiciones reales de cultivo.

En primer lugar, seleccionamos microorganismos que puedan aportar distintas funciones beneficiosas para la planta. Buscamos que estas capacidades sean complementarias y contribuyan a obtener el efecto agronómico deseado. Para ello, evaluamos su compatibilidad entre sí y con los demás componentes de la formulación, así como su capacidad para mantener la viabilidad y las funciones de interés durante la fabricación y el almacenamiento.

La estrategia de utilizar consorcios microbianos busca ampliar las posibilidades de respuesta frente a las diferentes condiciones edafoclimáticas que se presentan a lo largo del ciclo del cultivo. Los microorganismos pueden presentar distintas capacidades de adaptación, de modo que su contribución al efecto global puede variar según las condiciones ambientales. No obstante, esta complementariedad debe demostrarse experimentalmente: no basta con combinar microorganismos con propiedades interesantes por separado, sino que es necesario comprobar que funcionan adecuadamente en conjunto.

Otro aspecto fundamental es el establecimiento de la interacción con la planta. Evaluamos la capacidad de los microorganismos para llegar a la zona radicular, establecerse y mantener la actividad necesaria para ejercer su función. En este proceso, la interacción con las comunidades microbianas nativas es relevante, pero nuestro objetivo no es necesariamente desplazarlas, sino desarrollar soluciones capaces de funcionar en el entorno biológico real de la rizosfera.

También estudiamos la rapidez con la que se manifiestan los efectos bioestimulantes, diferenciando entre respuestas fisiológicas tempranas, que pueden observarse en determinados indicadores de la planta, y beneficios agronómicos que requieren más tiempo para evaluarse, como mejoras en el crecimiento, el rendimiento o la calidad de la cosecha. Esta distinción nos permite valorar el comportamiento del producto de forma rigurosa, sin confundir una respuesta inicial con un beneficio agronómico sostenido.

En cuanto a la reproducibilidad en campo, consideramos que debe abordarse desde el diseño del producto. Por eso, tenemos en cuenta aspectos prácticos como la facilidad de aplicación mediante riego por goteo o vía foliar, según corresponda, una vida útil adecuada a temperatura ambiente y la compatibilidad con los fertilizantes y otros productos utilizados habitualmente en el manejo del cultivo. Estos requisitos se evalúan durante el desarrollo, porque forman parte de la eficacia y la utilidad real de la solución para el agricultor.

¿Cómo ayuda tu labor de consultoría científica a respaldar con datos, ensayos y modos de acción claros, las soluciones que Nutritec pone en manos de los técnicos y agricultores?

Mi labor de consultoría científica consiste en aportar más de 10 años de experiencia en el desarrollo de bioestimulantes, velando por el rigor científico y por una base experimental sólida en el desarrollo de las soluciones de Nutritec.

Para ello, diseñamos ensayos que nos permitan evaluar de forma objetiva el comportamiento de los productos, aplicando metodologías de diseño experimental y análisis de datos que faciliten una interpretación fiable de los resultados. Además, interpretamos los datos no solo desde una perspectiva estadística, sino también atendiendo a su significado biológico y agronómico, para comprender qué está ocurriendo en la planta y cómo se relaciona con el efecto que buscamos conseguir.

Cuando abordamos nuevas líneas de desarrollo o trabajamos en ámbitos en los que necesitamos profundizar en el conocimiento científico, establecemos colaboraciones con investigadores y especialistas de referencia. Esto nos permite incorporar conocimiento actualizado, contrastar hipótesis y fortalecer nuestras estrategias de investigación.

Nuestro objetivo es generar evidencias que nos ayuden a comprender cómo funcionan nuestras soluciones, en qué condiciones pueden ofrecer mejores resultados y cuáles son sus limitaciones. De esta manera, buscamos proporcionar a los técnicos y agricultores información fundamentada que les permita comprender el valor de los productos y tomar decisiones de manejo más informadas.

Carol, desde tu experiencia ¿hacia dónde crees que evolucionará el desarrollo de bioestimulantes en los próximos cinco a diez años.

Considero que el sector de los bioestimulantes microbianos evolucionará significativamente durante los próximos cinco a diez años, tanto desde el punto de vista regulatorio como en el diseño de las formulaciones y en la precisión con la que podremos responder a las necesidades de cada cultivo.

En el ámbito regulatorio, en España debemos tener en cuenta el Real Decreto 506/2013, sobre productos fertilizantes, modificado, entre otras normas, por el Real Decreto 999/2017, que incorporó requisitos específicos para los productos basados en microorganismos. Esta normativa contempla la inscripción previa en el Registro de productos fertilizantes para determinadas categorías de productos.

Paralelamente, existe la vía europea del Reglamento (UE) 2019/1009, que establece los requisitos para comercializar productos fertilizantes de la UE con marcado CE. En el caso de los bioestimulantes microbianos comercializados por esta vía, se establecen requisitos específicos sobre los microorganismos que pueden utilizarse, la seguridad y la eficacia declarada del producto.

Actualmente, estas disposiciones condicionan las posibilidades de desarrollo y comercialización de determinadas soluciones microbianas. De cara al futuro, espero que el avance del conocimiento científico y la disponibilidad de más evidencias sobre la seguridad y la eficacia de nuevos microorganismos contribuyan a ampliar las posibilidades regulatorias, siempre que se cumplan los requisitos correspondientes.

En Nutritec tenemos presente este marco normativo desde las primeras etapas del desarrollo de nuestros productos. No esperamos a tener una formulación terminada para valorar su encaje regulatorio, sino que consideramos desde el principio aspectos como la identidad y la seguridad de los microorganismos, la composición del producto, su estabilidad, la demostración de su eficacia y los requisitos aplicables a su comercialización. Esto nos permite orientar el desarrollo hacia soluciones que, además de tener interés científico y agronómico, puedan cumplir las exigencias regulatorias correspondientes.

Paralelamente, creo que evolucionaremos hacia formulaciones más específicas, que combinen consorcios de microorganismos con funciones complementarias y, cuando resulte adecuado, metabolitos microbianos seleccionados para determinados cultivos y condiciones edafoclimáticas. También espero que avance la capacidad de identificar qué microorganismos y funciones pueden aportar valor en cada situación, en lugar de buscar soluciones universales para todos los cultivos y ambientes.

Esta evolución es importante porque las interacciones entre las plantas y los microorganismos dependen de múltiples factores, como la especie vegetal, las características del suelo, el clima y las prácticas de manejo. Por ello, no podemos asumir que un mismo microorganismo vaya a ofrecer los mismos resultados en todos los cultivos. La selección debe basarse en evidencias que demuestren su compatibilidad con la planta y su eficacia en las condiciones de aplicación previstas.

En definitiva, creo que los próximos años estarán marcados por una mayor especialización, una validación agronómica más rigurosa y una integración cada vez más estrecha entre innovación científica y regulación. En Nutritec queremos avanzar en esa dirección: desarrollar bioestimulantes microbianos innovadores, seguros, estables y adaptados a las necesidades reales del agricultor, teniendo en cuenta desde el inicio tanto su funcionamiento biológico como los requisitos necesarios para su comercialización.

¿Veremos una nutrición microbiológica personalizada según el tipo de cultivo y análisis metagenómico del suelo?

Creo que esta evolución ya está en marcha. La reducción de los costes de las tecnologías de secuenciación ha permitido que cada vez más empresas ofrezcan servicios para caracterizar la diversidad y la composición de las comunidades microbianas presentes en los suelos agrícolas y en la rizosfera de los cultivos.

Esta información representa un primer paso para comprender mejor las comunidades microbianas asociadas a cada cultivo e identificar posibles oportunidades de mejora. A partir de estos datos, y combinándolos con información agronómica y ensayos experimentales, podemos investigar qué microorganismos podrían complementar las funciones de las comunidades existentes y contribuir al desarrollo y la productividad de las plantas.

Creo que, en los próximos años, la integración de estas herramientas con el conocimiento de las interacciones entre plantas y microorganismos permitirá avanzar hacia soluciones biológicas cada vez más específicas, adaptadas a las necesidades de cada cultivo y a las condiciones de su entorno.

¿Cuál es el próximo gran reto que os habéis marcado junto a Nutritec?

Nuestro próximo gran reto es conseguir que un microorganismo que funciona bien en el laboratorio siga funcionando en el campo. Actualmente estamos desarrollando nuestros primeros bioestimulantes basados en consorcios microbianos, pensados para ayudar a los cultivos a afrontar condiciones ambientales extremas como las altas temperaturas, la salinidad o la sequía. El camino del laboratorio al campo está lleno de desafíos, y cada etapa tiene el suyo.

El primero está en el punto de partida. Queremos incluir microorganismos poco empleados hasta ahora en agrobiotecnología, así que debemos encontrar las mejores condiciones para evaluar, a escala de laboratorio, su capacidad de promover el crecimiento de las plantas.

El segundo llega con los candidatos ya seleccionados: la formulación. Tiene que mantener la viabilidad y la funcionalidad de los microorganismos para que puedan expresar su potencial en el campo. Además, una buena formulación es clave para prolongar la vida útil del producto y facilitar su conservación, distribución y aplicación por parte del agricultor.

El tercero se juega ya sobre el terreno: determinar cuánto tiempo permanecen viables y funcionales los microorganismos tras su aplicación, y cómo influyen en su persistencia y su actividad las condiciones ambientales y las características del suelo.

Nuestro objetivo es ofrecer bioestimulantes microbianos que combinen estabilidad, facilidad de uso y eficacia agronómica, y dar así a los agricultores soluciones biológicas adaptadas a una agricultura cada vez más exigente desde el punto de vista climático.