En las VII Jornadas Técnicas AEFA Tech organizadas por AEFA en el salón de actos del edificio Agrónomos de la ETSIAAB (Escuela Técnica Superior de Ingeniería Agronómica, Alimentaria y de Biosistemas) de Madrid, se han tratado y debatido los retos reglamentarios de los productos fertilizantes.

En el marco de este AEFA Tech, el Reglamento (UE) 2019/1009 ha establecido un escenario normativo estructural al armonizar las condiciones para la puesta a disposición en el mercado interior de los productos fertilizantes agrícolas producidos a partir de materiales reciclados u orgánicos.

Este texto legal amplía el alcance de regulaciones anteriores, proporcionando un incentivo para promover el uso de nutrientes reciclados y apoyar el desarrollo de la economía circular a nivel continental.

En esta línea, la integración operativa de estos insumos permite un uso más eficiente de los nutrientes a nivel general, reduciendo al mismo tiempo la dependencia de la Unión Europea frente a los suministros procedentes de terceros países.

Una diferenciación técnica basada en el uso previsto de los insumos

La normativa introduce una diferenciación técnica basada en el uso previsto de los insumos, dividiendo los productos fertilizantes de la UE en distintas categorías funcionales, cada una sujeta a requisitos específicos de seguridad y calidad.

Dentro de este esquema agronómico, la armonización contempla no solo los abonos convencionales, sino también aquellos productos diseñados para mejorar la eficiencia nutricional de los vegetales, cuyo efecto beneficioso permite reducir la cantidad total de fertilizante aplicado y mitigar su impacto medioambiental.

En este sentido, la legislación define al bioestimulante de plantas como un producto que estimula los procesos de nutrición independientemente de su contenido intrínseco de nutrientes. Su acción en campo se centra exclusivamente en mejorar la eficiencia en el uso de los aportes nutricionales, incrementar la tolerancia de los cultivos ante el estrés abiótico, favorecer las características de calidad de las cosechas o aumentar la disponibilidad de nutrientes inmovilizados en el suelo y en la rizosfera.

La libre circulación comercial de productos con marcado CE

Para facilitar la libre circulación comercial, los productos que cumplen con los requisitos estipulados pueden incorporar el marcado CE. Este distintivo es el resultado visible de un proceso exhaustivo de evaluación de la conformidad, instaurado para proporcionar un elevado nivel de protección para la salud humana, animal y vegetal, así como para el medioambiente.

Uno de los retos de formulación más significativos para los fabricantes es el estricto control de contaminantes. La acumulación ecosistémica de metales pesados, como el cadmio, representa un riesgo evidente al poder integrarse en la cadena alimentaria, motivo por el cual el reglamento impone valores límite de presencia obligatoria.

De igual forma, el legislador exige mecanismos técnicos para evitar la presencia de impurezas físicas, limitando de forma estricta los restos de plásticos, metales y vidrios en aquellos insumos derivados de biorresiduos que han sido sometidos a operaciones de valorización.

Diferenciación legal entre las funciones de nutrición estimulativa y las de protección vegetal

Un aspecto que demanda gran atención por parte de los departamentos técnicos y de registro es la diferenciación legal entre las funciones de nutrición estimulativa y las de protección vegetal.

La reglamentación europea clarifica que aquellos formulados que alegan múltiples funciones deben someterse a la regulación de protección fitosanitaria si al menos una de dichas funciones recae en el ámbito del control de plagas o enfermedades.

En consecuencia, un insumo no puede ostentar el marcado CE como producto fertilizante si su modo de acción interfiere con las competencias del Reglamento (CE) n.º 1107/2009, ya que ello resultaría engañoso frente a los exigentes requisitos de autorización que dictan las autoridades sanitarias nacionales.

En todo este contexto, cumplir con las exigencias del marcado CE no es un simple trámite administrativo, sino la demostración de que la innovación es capaz de proporcionar al agricultor herramientas biológicas eficaces, seguras y completamente alineadas con la preservación del entorno productivo.